Tu competencia no es quien vende lo mismo que vos

Cuando una empresa analiza a su competencia, suele hacer algo bastante lógico.

Busca quién vende productos similares.

  • Quién ofrece servicios parecidos.
  • Quién tiene precios comparables.
  • Quién aparece en Google.
  • Quién tiene más seguidores.
  • Quién está invirtiendo en publicidad.

Y construye una lista.

El problema es que esa lista puede estar incompleta.

Porque cuando un cliente decide comprar algo, no necesariamente está comparando empresas que hacen exactamente lo mismo.

Está comparando alternativas.

Y algunas de esas alternativas pueden no parecerse en absoluto a tu negocio.

El cliente no compara empresas. Compara caminos

Imaginemos una empresa que necesita mejorar su marketing.

Sus opciones pueden ser:

Contratar una agencia.

Contratar un freelancer.

Incorporar una persona al equipo.

Armar un equipo interno.

Distribuir el trabajo entre varios proveedores.

Hacerlo internamente.

O simplemente no hacer nada por ahora.

Desde el punto de vista de una agencia, solo algunas de esas opciones parecen competencia.

Desde el punto de vista del cliente, todas pueden resolver —al menos en teoría— el mismo problema.

Por eso una estrategia competitiva no debería empezar solamente preguntando:

¿Quién hace lo mismo que nosotros?

Debería preguntar:

¿Qué otras alternativas tiene nuestro cliente para resolver el problema que nosotros resolvemos?

Ahí aparece un mercado mucho más amplio.

La competencia más peligrosa puede no parecerse a vos

Una empresa puede perder una venta frente a un competidor directo.

Pero también puede perderla frente a una decisión interna.

“Lo hacemos nosotros.”

Frente a un freelancer.

“Contratamos a alguien para esto.”

Frente a una herramienta.

“Lo automatizamos.”

O frente a una decisión mucho más difícil de combatir:

“Lo dejamos para más adelante.”

En todos esos casos, la empresa no eligió otra marca.

Eligió otra alternativa.

Y desde el punto de vista del marketing, el resultado es exactamente el mismo:

no compró.

El freelancer también es una alternativa

Para una agencia, este punto es especialmente importante.

Una empresa que necesita marketing puede preguntarse: ¿Para qué contratar una agencia si puedo contratar a un freelancer?

Es una pregunta completamente válida.

Y la respuesta no debería ser:

“Porque una agencia es mejor.”

Eso no demuestra nada.

Hay freelancers excelentes.

Especialistas con mucha experiencia pueden resolver determinados problemas de manera extraordinaria.

El punto es otro.

No todas las necesidades de marketing requieren la misma estructura.

Si una empresa necesita diseñar una pieza específica, gestionar una cuenta o resolver una tarea concreta, un especialista independiente puede ser exactamente lo que necesita.

Pero el problema cambia cuando la empresa necesita conectar múltiples disciplinas alrededor de un mismo objetivo.

Una persona puede resolver una tarea. Un equipo puede resolver un sistema.

Marketing rara vez es una sola disciplina.

Una estrategia puede requerir:

  • posicionamiento;
  • investigación;
  • contenido;
  • diseño;
  • campañas;
  • performance;
  • desarrollo;
  • automatización;
  • análisis;
  • optimización.

El desafío no consiste simplemente en encontrar personas que sepan hacer cada una de esas cosas.

Consiste en conseguir que todas trabajen en la misma dirección.

Ahí aparece una diferencia estructural entre contratar una capacidad individual y trabajar con una agencia.

No necesariamente porque una persona sea menos capaz.

Sino porque el modelo de trabajo es diferente.

Un freelancer suele aportar una especialización.

Una agencia puede integrar especializaciones.

Y cuando el problema necesita integración, esa diferencia importa.

El problema de contratar piezas aisladas

Imaginemos una empresa que contrata:

Un freelancer para redes.

Otro para diseño.

Otro para campañas.

Una persona interna para contenidos.

Y una agencia para desarrollar el sitio.

Sobre el papel, tiene muchas capacidades.

Pero ahora aparece otro problema:

  • ¿Quién conecta todo?
  • ¿Quién define qué se está intentando conseguir?
  • ¿Quién decide qué mensaje debe atravesar todos los canales?
  • ¿Quién interpreta los resultados?
  • ¿Quién identifica que el problema de conversión no está en la campaña sino en la propuesta?
  • ¿Quién conecta marketing con el negocio?

La empresa puede terminar teniendo más proveedores y menos integración.

No siempre.

Pero es un riesgo real cuando cada especialista trabaja con objetivos propios.

La diferencia está en el problema, no en el título

Por eso la comparación:

agencia vs. freelancer

es demasiado superficial.

La pregunta debería ser:

¿Qué necesita resolver la empresa?

  • Si necesita una capacidad puntual, probablemente tenga sentido contratar un especialista.
  • Si necesita desarrollar una estrategia completa y ejecutarla con distintas disciplinas conectadas, la ecuación cambia.
  • Si necesita reemplazar una tarea específica, puede necesitar una persona.
  • Si necesita transformar cómo funciona su marketing, probablemente necesite otra estructura.

La decisión correcta depende del problema.

También existe la alternativa de hacerlo internamente

Una empresa puede decidir no contratar a nadie.

Puede crear un equipo interno.

Y, en determinadas etapas, puede ser la mejor decisión.

Tener capacidades propias permite desarrollar conocimiento interno, velocidad y control.

Pero también implica contratar, capacitar, gestionar y coordinar perfiles diferentes.

Una empresa que necesita estrategia, diseño, contenido, performance, tecnología y análisis no está contratando una persona.

Está construyendo una estructura.

Y esa estructura tiene un costo.

Por eso una agencia también compite contra la decisión de internalizar.

La comparación real no es solamente:

“¿Cuánto cuesta contratar una agencia?”

También debería ser:

“¿Cuánto cuesta construir y coordinar internamente todas las capacidades que necesitamos?”

Y existe una competencia todavía más difícil: no hacer nada

Esta probablemente sea la alternativa más subestimada.

Una empresa puede reconocer que tiene un problema y decidir no resolverlo todavía.

No porque no importe.

Porque hay otras prioridades.

“Lo vemos el próximo trimestre.”

“Ahora no es el momento.”

“Primero necesitamos vender más.”

“Cuando tengamos presupuesto lo hacemos.”

Desde el punto de vista comercial, esa decisión compite directamente contra cualquier proveedor.

Porque el cliente no está eligiendo entre dos empresas.

Está eligiendo entre actuar y no actuar.

Y el marketing tiene que ser capaz de demostrar por qué resolver el problema ahora tiene sentido.

El error de estudiar solamente a los competidores directos

Si una agencia analiza únicamente otras agencias, puede terminar optimizando su propuesta para ganar una comparación que el cliente nunca hizo.

Puede mejorar su precio.

Agregar servicios.

Publicar más casos.

Cambiar su identidad.

Pero quizás el verdadero competidor sea: Tenemos una persona interna que se ocupa de esto.

O quizá: Contratamos a alguien cuando lo necesitamos.

Entonces la pregunta competitiva cambia.

Ya no alcanza con explicar por qué somos diferentes de otra agencia.

Hay que explicar por qué nuestra forma de resolver el problema tiene sentido frente a las demás alternativas.

Una buena propuesta de valor responde contra todas las alternativas

Una propuesta de valor fuerte no debería existir en un vacío.

Tiene que responder una decisión.

  • Si el cliente está considerando un freelancer, ¿qué problema resolvemos de una manera diferente?
  • Si está considerando contratar internamente, ¿qué ventaja tiene trabajar con nosotros?
  • Si está pensando en hacerlo solo, ¿qué conocimiento o capacidad estamos aportando?
  • Si está pensando en esperar, ¿qué costo tiene postergar la decisión?

No se trata de atacar cada alternativa.

Se trata de entenderlas.

Porque una empresa que conoce solamente a sus competidores puede saber mucho sobre el mercado.

Pero una empresa que conoce todas las alternativas que tiene su cliente entiende mucho mejor cómo se toma la decisión.

En Veintidós, la diferencia no es “hacer más cosas”

Y acá está el punto que nos interesa como agencia.

No tendría sentido decir que una agencia es mejor porque ofrece más servicios.

Más servicios no necesariamente significan más valor.

La diferencia está en cómo se conectan las capacidades.

  • Estrategia que orienta.
  • Creatividad que traduce.
  • Tecnología que permite ejecutar.
  • Contenido que construye.
  • Performance que mide.
  • Análisis que permite corregir.

La ventaja no está necesariamente en tener más piezas.

Está en conseguir que las piezas trabajen juntas.

Porque cuando el problema de una empresa deja de ser una tarea puntual y pasa a ser un desafío de marketing integral, la estructura que lo resuelve también tiene que cambiar.

Conclusión

Tu competencia no siempre tiene tu logo, tus servicios o tu modelo de negocio.

  • A veces es otra agencia.
  • A veces es un freelancer.
  • A veces es un equipo interno.
  • A veces es una herramienta.
  • A veces es hacerlo por cuenta propia.

Y muchas veces es simplemente esperar.

Por eso entender la competencia no consiste únicamente en mirar quién vende algo parecido.

Consiste en entender qué alternativas tiene el cliente y qué lo hace elegir una sobre otra.

Una empresa no contrata una agencia porque necesita “una agencia”.

La contrata porque necesita resolver algo.

Y la verdadera competencia aparece en todos los caminos que puede tomar para resolverlo.

La pregunta entonces no debería ser:

“¿Quiénes son nuestros competidores?”

Sino:

“¿Qué otras decisiones puede tomar nuestro cliente en lugar de elegirnos?”

Porque cuando entendés esa respuesta, dejás de competir solamente contra empresas.

Empezás a competir por la decisión.

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