Tu marketing puede estar funcionando y aun así no estar construyendo una marca

Una empresa lanza una campaña.

Funciona.

Llegan consultas.

Aumentan las ventas.

El costo por adquisición está dentro del objetivo.

El equipo celebra.

Tiene sentido.

El marketing hizo su trabajo.

Pero hay una pregunta que rara vez aparece en el reporte:

¿Qué queda cuando termina la campaña?

Si se apaga la inversión y desaparecen las consultas, ¿qué construyó realmente esa acción?

La pregunta no busca desmerecer la performance.

Al contrario.

Una campaña que vende está generando valor.

El problema aparece cuando una empresa confunde generar resultados con acumular activos.

Porque no todo lo que funciona hoy necesariamente hace que el marketing de mañana sea más fácil.

Una campaña puede producir ventas sin construir preferencia

Imaginemos una empresa que invierte todos los meses en anuncios.

El sistema funciona.

Cada peso genera determinado retorno.

Mientras la inversión continúa, llegan clientes.

Pero si la empresa deja de pautar, el flujo cae inmediatamente.

No necesariamente hay un problema.

La publicidad puede cumplir perfectamente su función.

El problema sería pensar que esos resultados significan que la marca está ganando fuerza.

Son cosas diferentes.

  • Una campaña puede conseguir que alguien compre.
  • Otra puede conseguir que alguien recuerde.
  • Otra puede conseguir que alguien prefiera.
  • Otra puede conseguir que alguien recomiende.

Y una misma acción puede hacer varias cosas al mismo tiempo.

La cuestión es saber qué estamos construyendo además de la conversión.

El corto plazo tiene una ventaja evidente

La performance tiene algo que resulta extremadamente atractivo:

se puede medir.

  • Impresiones.
  • Clics.
  • Costo por adquisición.
  • Conversiones.
  • Ingresos.
  • Retorno de la inversión.
  • La relación entre inversión y resultado puede observarse relativamente rápido.
  • Eso permite optimizar.
  • Probar.
  • Comparar.
  • Asignar presupuesto.
  • Y tomar decisiones.

La construcción de marca es diferente.

Una persona puede ver una campaña hoy y comprar dentro de seis meses.

Puede recordar una empresa sin hacer clic.

Puede asociarla con una categoría sin visitar su sitio.

Puede desarrollar una preferencia que solo se manifieste cuando aparezca una necesidad.

Ese efecto es más difícil de atribuir a una sola acción.

Y justamente por eso existe una tendencia a subestimarlo.

Lo que no aparece inmediatamente en un dashboard parece menos real.

No necesariamente lo es.

Les Binet y Peter Field plantearon una tensión fundamental

En sus investigaciones sobre efectividad publicitaria, Les Binet y Peter Field distinguieron entre dos grandes funciones del marketing:

activación, orientada a generar respuesta en el corto plazo;

y construcción de marca, orientada a generar efectos que se acumulan en el tiempo.

No son estrategias opuestas.

Cumplen funciones diferentes.

La activación busca que alguien actúe.

La construcción de marca busca aumentar la probabilidad de que una marca sea considerada y elegida en el futuro.

Una captura demanda.

La otra ayuda a construirla.

Una trabaja sobre el presente.

La otra aumenta las posibilidades del futuro.

El problema aparece cuando toda la inversión se evalúa utilizando únicamente la lógica de la primera.

El algoritmo puede optimizar lo que le pedís

Las plataformas publicitarias son extraordinariamente buenas optimizando objetivos.

  • Si les pedís conversiones, buscarán conversiones.
  • Si les pedís leads, buscarán leads.
  • Si les pedís ventas, buscarán personas con mayor probabilidad de comprar.

Eso es exactamente lo que deberían hacer.

Pero el algoritmo no sabe necesariamente qué activo de marca querés construir.

  • No sabe que querés ser asociado con determinada categoría.
  • No sabe que querés cambiar una percepción.
  • No sabe que querés convertirte en la opción que una persona recuerde seis meses después.

Optimiza el objetivo que recibe.

Por eso la estrategia no puede delegarse completamente en la plataforma.

La plataforma puede optimizar una campaña. La empresa tiene que decidir qué está intentando construir.

El problema de depender permanentemente de la inversión

Una marca puede convertirse en extraordinariamente eficiente comprando atención.

Y eso puede ser rentable.

Hasta que deja de serlo.

  • Suben los costos publicitarios.
  • Aumenta la competencia.
  • Cambia el algoritmo.
  • Se encarece el tráfico.
  • Aparecen nuevos canales.
  • La audiencia se satura.

La empresa necesita invertir cada vez más para conseguir el mismo resultado.

Si durante años todo el crecimiento dependió de comprar demanda, cualquier aumento en el costo de adquisición puede convertirse en un problema serio.

Una marca fuerte tiene otra ventaja.

Parte de la demanda puede llegar con menos necesidad de ser estimulada constantemente.

  • Las personas ya la conocen.
  • La recuerdan.
  • La consideran.
  • La buscan.
  • La recomiendan.

No significa que deje de necesitar publicidad.

Significa que no empieza desde cero cada vez que quiere vender.

Un cliente puede comprar sin convertirse en parte del activo de la marca

Esto es especialmente interesante en marketing digital.

Una empresa consigue una conversión.

Pero después:

  • ¿El cliente recuerda quién le vendió?
  • ¿Sabe qué representa la marca?
  • ¿Podría reconocerla nuevamente?
  • ¿La recomendaría?
  • ¿La elegiría frente a otra alternativa?
  • ¿La buscaría directamente?

Una conversión responde una pregunta:

¿compró?

No responde necesariamente:

¿qué relación construimos con esa persona?

Por eso no todas las ventas tienen el mismo efecto futuro.

  • Una venta puede ser solamente una transacción.
  • Otra puede convertirse en repetición.
  • Otra en recomendación.
  • Otra en preferencia.
  • Otra en una asociación que facilita futuras decisiones.

El resultado inmediato es el mismo:

una venta.

El valor acumulado puede ser completamente diferente.

Construir marca no significa publicar contenido bonito

Este punto es importante porque muchas veces “branding” termina reduciéndose a identidad visual.

  • Un logo.
  • Una paleta.
  • Una campaña institucional.
  • Un video emocional.

Eso puede formar parte de la construcción de marca.

Pero una marca se construye a través de asociaciones.

  • Qué problema resuelve.
  • Qué representa.
  • Qué experiencia entrega.
  • Qué la hace reconocible.
  • Qué promete.
  • Qué demuestra.
  • Qué recuerda el mercado cuando aparece una necesidad.

Por eso una campaña de performance también puede construir marca.

Si una empresa utiliza consistentemente los mismos activos distintivos, comunica una idea clara y entrega una experiencia coherente, cada campaña puede hacer más que generar conversiones.

Puede contribuir a que la marca sea más fácil de reconocer y recordar.

El problema no es hacer performance.

Es hacer performance sin ninguna intención de acumulación.

El largo plazo no es una excusa para no medir

Existe un error contrario.

Algunas empresas utilizan “construcción de marca” como justificación para hacer cualquier cosa sin medir resultados.

Eso tampoco sirve.

Que un efecto sea más difícil de medir no significa que no deba evaluarse.

  • Existen indicadores.
  • Reconocimiento.
  • Consideración.
  • Asociaciones de marca.
  • Búsquedas de marca.
  • Tráfico directo.
  • Preferencia.
  • Penetración.
  • Retención.
  • Recomendación.

Y, sobre todo, la evolución de esos indicadores en el tiempo.

La construcción de marca no debería ser un espacio donde desaparecen las métricas.

Debería ser un espacio donde aceptamos que no todas las métricas tienen el mismo horizonte temporal.

La verdadera pregunta es qué se acumula

Podemos pensar el marketing como una combinación de resultados y activos.

Una campaña puede generar ventas.

Pero también puede generar datos.

  • Una audiencia.
  • Contenido reutilizable.
  • Reconocimiento.
  • Asociaciones.
  • Clientes recurrentes.
  • Recomendaciones.
  • Tráfico orgánico.
  • Búsquedas de marca.
  • Autoridad.

No todos esos activos aparecen inmediatamente.

Pero pueden hacer que futuras acciones sean más eficientes.

Ese es el verdadero sentido de construir.

Que lo que hiciste ayer cambie las condiciones con las que trabajás mañana.

¿Qué debería quedar después de una campaña?

Esta es una buena pregunta para cualquier equipo de marketing.

Cuando termina una campaña, además de las ventas:

¿quedó algo?

¿La marca es más reconocible?

¿El mercado entiende mejor qué hacemos?

¿Existe una asociación nueva?

¿Aprendimos algo relevante sobre nuestros clientes?

¿Construimos una audiencia propia?

¿Tenemos contenido que seguirá trabajando?

¿Aumentó la búsqueda de la marca?

¿Hay clientes que ahora nos consideran para futuras necesidades?

Si la respuesta es siempre “no”, probablemente el marketing esté funcionando principalmente como una máquina de adquisición.

Y puede ser una máquina muy buena.

Pero sigue siendo una máquina que necesita combustible constantemente.

El objetivo no debería ser elegir entre corto y largo plazo

No existe una empresa que pueda vivir únicamente del largo plazo.

Hay que vender.

Hay que generar demanda.

Hay que conseguir clientes.

Hay que cumplir objetivos.

Pero tampoco existe una empresa que pueda construir una posición sólida pensando únicamente en la próxima conversión.

Las dos lógicas necesitan convivir.

La activación permite capturar oportunidades.

La construcción de marca permite que algunas de esas oportunidades futuras sean más fáciles de capturar.

Una genera resultados.

La otra aumenta la capacidad de generar resultados posteriormente.

El error no es priorizar una u otra en determinados momentos.

El error es no saber cuál de las dos estamos financiando con cada acción.

Conclusión

¿Estamos solamente comprando resultados o también estamos construyendo algo que haga que los próximos resultados sean más fáciles de conseguir?

Porque el marketing más valioso no necesariamente es el que deja de funcionar cuando termina la inversión.

Es el que, además de producir resultados hoy, modifica las condiciones del mercado para que la marca tenga una posición más fuerte mañana.

Y quizás esa sea una de las mejores formas de evaluar una estrategia:

si mañana apagáramos todas las campañas, ¿qué parte de lo que construimos seguiría trabajando a favor de la empresa?

Ahí empieza la diferencia entre hacer marketing y construir un activo de marketing.

¿Tu marketing está generando resultados o también está construyendo valor a largo plazo?

Analizar qué está funcionando hoy y qué está construyendo la marca para mañana puede cambiar la forma en que se distribuye la inversión y se toman decisiones de marketing.

Si querés analizarlo, podemos ayudarte.

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